Creatividad

Zona centro

Un día, otro y otro, no podía seguir a gusto su rutina, de repente surgían las interrupciones y debía reformular sus prioridades, incluso, en determinadas ocasiones, no podía retomar lo que estaba haciendo, más aún cuando le cortaban el ritmo.
Antes de mudarse le dijeron que la zona era tranquila, tenía buenas vistas y una buena calidad de vida, era cierto que, como toda área céntrica, había bullicio a determinadas horas, pero no al extremo de impedir el descanso de los inquilinos.
Y efectivamente, los primeros días y las primeras semanas todo fue según lo que le habían informado, le gustaba tener abiertas las ventanas de los balcones, aunque hiciera fresco, para admirar las vistas del casco histórico.
Hasta que llegó la temporada estival, fue ahí que notó que la información proporcionada por el agente inmobiliario no se ceñía a la realidad al ciento por ciento, igual por vender podían decir cualquier cosa, incluso que el lugar era Jauja —se dijo—, tampoco era un pardillo, sabía cómo funcionaba el mundo.
De todo lo que se cocía en la calle, lo que más le incordiaba era el sinsentido de los reclamos de las manifestaciones que tenían casi todos los días, le parecían pueriles, llenas de discursos que únicamente conseguían alterar la paz del lugar, por eso mismo no compartía su posicionamiento, le resultaban desorganizadas y con poco alcance, pues sus peroratas no llegaban a quienes correspondía, a quienes de algún modo podían dar ordenes para provocar un cambio.
Esta cantidad de protestas le parecían excesivas, el no notaba que se viviera mal en la ciudad como para alzar la voz, incluso ofrecía comodidades que otras soñarían, era lo que tenían los antisistema, nunca estaban contentos con nada, a pesar de vivir y disfrutar de las bondades del medio que detestaban.
Estaba convencido de que se podía acostumbrar a todo, menos a escuchar alaridos de ideas con las que no comulgaba, si por lo menos concordara con ellas, se sentiría identificado, pero en este caso todas estaban alineadas detrás de una ideología que detestaba, quizás ahí recaía su animadversión, si fueran de su filiación, incluso le resultaría loable que salieran a las calles, sentiría empatía.
A veces en broma, les decía a los foráneos que las huelgas también eran parte del atractivo turístico, sin ellas no se entendería la idiosincrasia local. No obstante, su humor particular no era compartido por todos.
Si mal no recordaba, nunca fue testigo de que protestando se consiguiera algún logro, parecía que los políticos, a pesar de ser servidores públicos, se mofaban de ellas, las tomaban como movimientos trasnochados que solo alteraban el orden de la ciudad, ya que, desde su visión, eran un grupo de colegas que, muchas veces, no tenían nada mejor que hacer y se citaban para pasar el rato por el centro.
Tras pensar en esto, caía en que pronto cambiaría la estación, vendría una más halagüeña para sus intereses, la temporada gélida, esperaba que con el frio invernal a muchos se le quitaran las ganas de salir a la calle.

APP

300

Dos