Creatividad

Objeto encontrado

Su relato versaba sobre la suerte.
Caminaba por el parque, en el camino de piedras, cerca de los árboles, cuando noté, en el suelo, un objeto que brillaba.
Le gustaba amplificar la anécdota, se iba por las ramas, la adornaba cuanto podía.
Al principio quise pasar de largo, hay tantas cosas tiradas en el suelo (la mayoría son basura), no vale la pena detenerse, pero al ver que no dejaba de llamar mi atención, me detuve, lo cogí y por fin pude saber lo que era —mostrando su hallazgo expresaba—, ¿no os parece chulo?
Así era su historia, pero muchos dudaban de su veracidad, lo más probable era que lo hubiera comprado, pero quería darle un halo mágico como si fuera un predestinado.
Cuando lo comencé a analizar noté sus particularidades, notad esta luz… ¡es una linterna!
Desde ese momento se creyó un elegido, pues no todos se detuvieron a ver el objeto, tal vez para el resto era invisible, pero como él era el destinatario, nadie más podía hacerlo.
Y no solo eso, si apretáis aquí se enciende una señal intermitente, es una caja de sorpresas y con el tiempo espero seguir destripándolo.
Desde que lo encontró, se ufanaba, era como si le hubiera dado un sentido a su vida. Hasta antes guardaba perfil bajo, pero al ostentar aquel obsequio —así lo llamaba—, obtuvo la confianza para hablar e idealizar su experiencia.

—¿No se te ocurrió ir a la policía?
—Nadie se percató, solo yo.
—¿No crees que también podría ser especial para alguien más?
—Si así fuera lo habrían cuidado mejor, ¿no creéis?
—No es cuidar o no, ya que cuando extravías algo no es necesariamente porque no lo cuides, basta que te distraigas un instante, no tiene demasiada ciencia.
—Yo no suelo perder lo que me interesa.
—No es querer o no, sucede que las cosas se pierden y ya.
—De todos modos, miré a todas partes, antes de cogerlo, y no había nadie.
—Habría ido más tarde, no tenía porque darse cuenta al instante.
—Además he vuelto varias veces, no he visto a nadie buscándolo.
—¿Has preguntado si alguien lo había perdido?
—A ver, ¿me pongo en mitad del parque y pregunto si esto —señaló lo que llevaba en la mano— es de alguien? —miró a todos y añadió— ¿no creéis que cualquiera se acercaría y diría que es suyo?
—Bueno, yo creo —dijo uno— que nadie en su sano juicio diría que algo que no le pertenece es suyo.
—Cierto, nadie en su sano juicio, pero no todos están en su sano juicio —afirmó seriamente—, hay de todo en todas partes.
—¿Entonces desconfías de todo el mundo?
—No de todos —miró al grupo y expresó—, sino, no estaría con vosotros —al decir esto soltó una carcajada.
—Estar aquí no dice nada, igual puedes desconfiar de todos nosotros.
—¡Qué inocente eres! —afirmó y siguió conversando con sus colegas—, pero qué sería de mi mundo sin vosotros —concluyó.

De repente había sido lo más importante que le pasó en la vida, por eso mismo, no dejaba de darle vueltas. Lo que para cualquier otro hubiera sido un hecho sin importancia, para él era el gran suceso, uno sin precedentes, de esos que solo pasan una vez en la vida.
Sí por alguna razón solo se hubiera decantado en contar lo que pasó:
Caminando por el parque me encontré esto…
No habría pasado de ser una cosa cualquiera, habría sido algo efímero, del que pronto dejaría de hablarse.

Así pues, comencé a descubrir cada una de sus cualidades, por ahora lo que os he mostrado es lo que más uso, cuando vea que otras sorpresas tiene, seréis los primeros en saberlo.
—¿No crees que sería mejor, te ahorraría tiempo, descargarte un manual?, leyéndolo suprimirías pasos innecesarios —afirmó un tipo a su izquierda.
—Tal vez sería más fácil con el manual, así conocería sus entresijos y lo dominaría en un santiamén, pero me perdería el aprendizaje —recalcó y completó su respuesta—, el camino de descubrimiento quedaría truncado, el atajo me privaría de la emoción de andar a oscuras y me sacaría de ese sendero en el que, al conocer cada nueva función, quedaría sorprendido.

El grupo se conocía su relato, pero por no hacerle un feo, ninguno decía nada, más bien le preguntaban si había descubierto algo nuevo, sabían que eso le daría pie a empezar a soltar sus alocuciones, por lo menos, de ese modo, era feliz y sí lo consideraban un amigo, lo mejor era seguir haciendo como si les interesara.
Por este motivo tenían un pacto secreto, cada vez que empezara a hablar, no interrumpirían, en tanto, no fuera con una pregunta en la misma línea de su conversación, para que no se desmoralizara y recalcarle —cada vez que fuera posible—, lo afortunado que era.
No valían expresiones del tipo: ¡Qué plasta eres con el tema!, aunque lo pensaran tenían que dar por entretenidas sus aseveraciones y, asimismo, guardarse sus críticas, no decir nada que sonara como un ¿no tienes otra cosa de qué hablar? lo mejor era darle por su lado.

Así continuó su narración, tras concluir, guardó el móvil en su bolsillo, al día siguiente volvería y recordaría a los demás la forma en la que lo encontró.

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