Creatividad

Cualquier pretexto

Quedamos sobre las diez de la mañana. Era un día de semana y acordamos ver un piso con el agente de la inmobiliaria. Durante la visita noté que no era excesivamente amplio, tendría menos de cincuenta metros cuadrados —deduje—. Traté de visualizarme viviendo ahí, pero no logré hacerlo, quizás influyó el precio del alquiler. Qué caro está el metro cuadrado por esta zona −pensé.
Para llegar a este momento tuve que pasar por un proceso de selección. Me apetecía vivir en una determinada zona, pero los precios se salían de mi presupuesto, lo cual hacía que mi búsqueda fuera sumamente específica, pues debía adaptarse a mis preferencias y al dinero con el que disponía.
Con los filtros establecidos las opciones eran pocas, no había mucho donde elegir, a pesar de ello intenté ver cuál era la oferta.
Los pisos no eran atractivos, a todos les encontraba peros. Tras este primer varapalo tuve que replantearme el destinar más pasta para esta empresa, tendría que hacer un esfuerzo. No pensé que me vería en la tesitura de hacer encaje de bolillos para tener un hogar medianamente decente — me lamenté.
Vivía en una zona alejada de mi centro de trabajo. Años atrás, al llegar a la ciudad, me dio igual la ubicación de mi vivienda, no tenía planificado asentarme, pero conforme fui haciendo de estos lares mi hogar, la situación cambió. Al conseguir un curro por el centro, mi día a día, de lunes a viernes, se convirtió en un ir y venir en el tren.
Debía levantarme temprano, en ocasiones para ahorrar tiempo iba sin desayunar a la oficina, compraba algo de camino y me alimentaba en el vagón —no era lo más adecuado—, pero era la única forma de ser puntual. El viaje de vuelta era similar y, por encima, debía evitar las aglomeraciones en el vagón.
Sopesando las opciones, llegué a la conclusión de que lo mejor sería encontrar algo más cercano, para no tener que invertir tanto tiempo todos los días, este era un valor importante que representaba dinero, por eso, me planteé pagar un poco más de alquiler, a cambio de tener una mejor calidad de vida.
Pero lo que parecía simple en el papel, en la práctica no lo era tanto, cuando me adentré en el mundo inmobiliario descubrí ciertas particularidades que no me gustaban.
Los requisitos que solicitaban para ver los pisos parecían un conjunto de pruebas que te permitían seguir avanzando en un juego truculento, pero de los difíciles, pues al pasar una fase te topabas con más escollos, lo cual desmotivaba a cualquiera.
Como yo no era cualquiera, no me desmoralicé, hice frente a todo y pude sentirme satisfecho, sin embargo, este triunfo no era del todo satisfactorio, aún seguía sin conseguir el piso que buscaba.
Cuando aumenté mi presupuesto, me encontré con más opciones, pero estuve en la misma tesitura de cuando tenía uno más bajo, no encontraba nada que me gustara.
Mientras observaba las paredes que me estaba mostrando, no veía nada destacable, no parecía cómodo, por eso intenté salir de ahí como fuera, sin resultar borde.
No le dije nada al agente, solo pregunté si tenía algún piso más −traté de ser amable−, acordamos que sería durante la semana −estuve de acuerdo−, probablemente el viernes, un día con poco trabajo, por eso podía permitirme el lujo de estar libre, no obstante, tendría que subir una vez más mi presupuesto. Esperaba que no siguiera sobre esa línea, pues me vería irremediablemente empujado a seguir despertándome de madrugada y pasar mucho tiempo en el transporte urbano, como hasta ahora.

APP

300

Dos