Creatividad
Nunca cambió
Cuando niño sus historias hacían volar mi imaginación por sitios que desconocía, era mi guía, me ayudaba para que no me perdiera y los recorridos de aprendizaje fueran llevaderos. Pensaba que era mi ángel de la guarda, fundamentado en mis imaginarios. Para mí era algo normal oírla, era brisa en mis encrucijadas.
Durante una época creí que a todos les pasaba lo mismo oían una vocecita que les aconsejaba y les indicaba que leer (los conocimientos a asimilar), sin embargo, de la forma más cruel descubrí que no, pues al comentarlo con los colegas me miraron extrañados, incluso vi de soslayo como uno de ellos hizo un gesto con una de sus manos de que estaba loco.
Quedé decepcionado, confiaba en su comprensión, no les estaba mintiendo, no eran jugarretas de mis ideas, era algo que estaba ahí, un ente incorpóreo que me consolaba.
Por este motivo con el paso de los años nos pusimos de acuerdo y dejé de comentarlo, nadie entendía, era en vano buscar empatía. Así se convirtió en mi secreto, nadie debía saber lo que me pasaba, no lo entenderían, no debía confundir a los que me rodeaban.
No quería ser el rarito del que hablaban a sus espaldas, porque carecían del valor para decírmelo a la cara, quizás por ser políticamente correctos o por hipocresía. Me decidí a guardar perfil bajo, pasar desapercibido, ser uno más de la masa de gente que era aleccionada en los centros de formación, esos que te invitaban a ignorar tu creatividad y te indicaban que en el mundo real eso de nada servía, no tenía valor, pues el mundo no era para los que imaginaban, sino para quienes tenían los pies en la tierra, de ellos, los pragmáticos, sería el éxito, ya que entendían cómo funcionaba la realidad. No llegué a entender a esos pseudo educadores, me parecía una tontería matar los ideales, formar a otros con la proyección de sus frustraciones.
Ciertamente crecí, accedí a saberes que me ayudaron a entender lo que me rodeaba, acompañado de esa voz que no creció, seguía siendo la misma, sonaba igual en mi cabeza, seguía siendo idéntica a la de mi niñez, certera en sus apreciaciones, me permitía sentirme acompañado en la soledad.
Me guiaba por los senderos llanos y rectos que no se bifurcaban, los más claros, los menos intrincados, estaba ahí siempre, solo bastaba con centrarme, podía pasar horas especulando, charlando.
A veces me olvidaba del exterior, sin darme cuenta comenzaba a hablar en voz alta, paraba cuando mi ensimismamiento era perturbado por algún observador impertinente, esto no sucedía a menudo, solo en momentos puntuales, cuando me dejaba llevar por las palabras de quien tenía dentro, de quien no vacilaba a la hora de analizar las distintas situaciones en las que estaba enfrascado.
Vivir en esta dicotomía de pensamiento no es sencillo, aunque ahora mismo ya debería estar acostumbrado aun me sorprende, aun consigue que medite cada expresión. Tal vez soy especial o no, creo que lo certero sería lo segundo.












































































































































































































































































































































































































































































































































