Creatividad
Ingresando datos
Me encontraba ahí, sentado en una silla incómoda, mientras observaba como un funcionario, delante de un ordenador, no dejaba de digitar letras.
Estaba seguro de que lo había hecho bien, había presentado lo que solicitaban, lo necesario, sin embargo, al ver determinados gestos en el burócrata, pensaba, por un instante, que algo iba mal, de repente el formulario x requería de más datos y no solo los que proporcioné.
Antes de estar ahí quise informarme y saber más sobre los entresijos del proceso, me acerqué al área de información, pero me atendió una muchacha, aparentemente aburrida de trabajar, y me dijo expresamente que el proceso era personal e incluso añadió que solo sería atendido sí tenía cita, una cuestión que se sobreentendía.
Por momentos parecía que el tipo estaba ensimismado con todos los datos que le había facilitado, ¿serían tan interesantes?
Dilucidando la situación, comprendí que estaba solo en esta causa, debido a que nadie me supo dar razón, algún colega me quiso echar una mano, pero estaba más perdido que yo.
De vez en cuando, cuando no estaba rememorando todo lo que había pasado, me fijaba en lo que hacía, ¿tantos datos se debían introducir?
Hasta ese escenario no había caído en lo difícil que resultaba hacer un trámite como este, parecía necesario seguir un curso para rellenar los impresos que debía presentar, había muchos apartados que no estaban del todo claros, daban pie a poner cualquier cosa.
Tenía la leve sospecha de que se detendría de improviso y me haría unas preguntas, esto me generaba más cuestiones, ¿sobre qué versarían?, ¿serían personales?, ¿laborales?, ¿sobre mis actividades? Si acontecía esto sería como abrir mi caja de pandora, ¿tendría que responder con la verdad?
Menudos formularios —me decía—, deberían dar indicaciones claras para poder rellenarlos correctamente.
Esto me empujaría a un contexto no sopesado, no me había preparado para un interrogatorio.
Más esto no era lo difícil, encontrar cita para el trámite era lo más complicado. El día que yo buscaba una, no había disponibilidad, esto, sinceramente, me pareció una broma de mal gusto, ¿estaba condenado a no salir airoso en esta empresa?, parecía como si en este estamento se encargaran de poner trabas, no querían que nadie se presentara.
El tipo seguía a lo suyo, pasaba de mí.
Cuando vi que no era fácil conseguir una, se me vino todo abajo.
¿Terminaría en algún momento?
No quería recordar los días que pasé delante del ordenador intentando conseguir un hueco, fue un calvario, horas perdidas refrescando una web.
¿Qué estaría buscando?
Solo quería una puñetera cita, nada más, quería llevar la documentación y presentarla y que me autorizaran a viajar. Me resultaba un sinsentido, una cuestión sobre la cual se especulaba y que jugaba con mis expectativas.
¿Qué buscaría?
Tras muchos intentos la conseguí, me pareció un gran logro, aunque no fuera nada loable me sentí reconfortado, gané una batallita. Ahora debía centrarme en preparar los documentos necesarios, el modelo era el…, uno específico con un sinfín de apartados, cada cual más capcioso que el anterior.
¿Faltaría algo?
Cuando tuve todo hecho, dejé de romperme la cabeza, repasé los documentos que había rellenado y me pareció que estaban correctos, no noté que hicieran falta más informaciones, sin embargo, ante cualquier duda, podría argumentar el por qué no había cumplimentado algunos apartados, explicando mi falta de pericia en esas lides y solicitando que entendieran mi situación.
Consideraba que pronto terminaría, no podía estar así eternamente, mis datos eran limitados. imaginaba que debería atender a más gente.
Cuando investigué sobre lo que me podría suceder una vez que estuviera delante del encargado, aclaraban que era cuestión de suerte, dependiendo de quien te atendía se daba de una forma u otra, algo que me sacó de centro, pensé que todos seguían unos parámetros específicos, no que cada burócrata se ciñera a diferentes circunstancias, tras leer esto, entendí que en este punto todo dependía de la suerte, esperaba que, por lo menos, ese que se pusiera delante de mí no estuviera enfadado, pues, según lo revisado, podría condicionar el resultado de mi diligencia.
Una de las cosas que me preocupaba —y sobremanera—, eran las preguntas de cribado, aquellas que solo requerían un sí o un no, ya que no daban la opción a explicar el motivo de cada respuesta, pues un mensajito te indicaba que responder afirmativa o negativamente, podía enrumbar o no, el trámite que estaba realizando.
Tras esperar durante varios minutos —no sé cuántos—, dejó de escribir, sin embargo, no perdí de vista a aquel sujeto, parecía que había terminado de rellenar los datos de los que dependía el resultado de mi trámite, por un momento pensé que me haría algunas preguntas, pero, sin dejarme decirle nada, expresó que estuviera pendiente de mi correo, en un par de días tendría una respuesta, si no era así, podía sacar una nueva cita y presentarme nuevamente.
Sin dejarme preguntar me despachó, igual pensaría que podía expresar algo que no venía a cuento.
Al salir de ahí tenía muchas dudas, ¿habría hecho todo bien?
































































































































































































































































































































































































































































































































































