Creatividad

Expectativas desmedidas

Días antes de la presentación la ciudad se vio saturada de carteles, tendría lugar un hecho histórico pocas veces visto, un intelectual de talla mundial visitaría estos lares.
Este anuncio causó revuelo en el ambiente cultural, no siempre se podía estar delante de una figura de esa dimensión, por ese motivo hubo bastante interés en ciertos sectores, el término histórico daba la sensación de que se asistiría a algo único, aunque no dejaba de ser un ardid publicitario al que apelaba cualquier organización para generar expectativa.
Y efectivamente, el marketing generó gran entusiasmo, el día señalado hubo más asistentes de los contemplados inicialmente, quizás se debía a que era gratuito, por este motivo además del salón de actos, habilitaron un gran salón en el que, sobre la marcha, colocaron una gran pantalla para que nadie se perdiera las intervenciones de la figura ilustre.
La cola avanzó y fue desapareciendo, la calle como de costumbre quedó vacía. Una vez en el interior a muchos les causó un mal sabor de boca el ver que la presentación había comenzado, pero eso solo fue al inicio, luego se sintieron gratificados al encontrarse en el mismo recinto que un personaje de tal calibre.
Para muchos la presentación fue normalita, achacaban esto al grupo de personajes que acompañaban al autor, no daban la talla, algunos, incluso, no sabían vocalizar correctamente, generando confusión entre los que intentaban seguir atentamente el programa presentado.
Para los que estuvieron en el gran salón la experiencia no fue tan destacable como para los que estuvieron en el salón de actos, debido a que la logística no estuvo a la altura de lo prometido, hubo problemas para poder situarse adecuadamente, el sonido fallaba y la calefacción se extrañaba, sin embargo, esto no fue lo que más les chirrió, por momentos algunos de los ponentes se dedicaban a hacerle la pelota al invitado, le soltaban loas y hacían hincapié en lo fabuloso que era tenerlo ahí, impidiendo al invitado hablar y profundizar en sus apreciaciones.
Por lo demás, muchos, aunque fuese de refilón, se sintieron gratificados por haber respirado el mismo aire que el intelectual, incluso alguno rogaba para que se le pegara una pizca de su talento o, en su defecto, la paciencia de soportar a tanto palmero.
Los usuarios comunes y corrientes podían haber hecho críticas sin seguir un determinado ideario o unas formulaciones pautadas, pero su participación no estaba contemplada, eso sí, solo se les permitió aplaudir cuando era necesario (y así lo indicaban los organizadores), al ver esto entre los asistentes se comenzó a cuchichear que habría sido interesante que los encargados preguntaran al invitado sobre asuntos más sustanciales de su obra, sus motivaciones y cómo dio forma a sus creaturas. Pero no se les dio voz, ¡Qué iban a saber los profanos!, sus conjeturas sobraban al lado de la opinión de los especialistas.
Este evento, para los organizadores, fue un éxito, habían quedado satisfechos por su trabajo, aunque la reseña del acto solo saldría en un medio financiado por el ayuntamiento que pocos leerían, pues resultaba elitista y lo elitista, no atraía a las masas.

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