Creatividad

Entre notas

Mientras se acomodaba en la butaca se escuchó una voz avisando que faltaban cinco minutos para empezar el espectáculo.
Durante la espera se puso a observar el lugar, era enorme, era vetusto, las columnas que tenía le recordaban a un estilo que había visto en una revista de arquitectura, pero cuyo nombre, al ser difícil de pronunciar, no recordaba.
Nuevamente habló la voz, faltaban tres minutos, notó que había algunos lugares vacíos.
Ahora se centró en el techo, tenía unos dibujos que contaban una historia.
Solo hubo un último aviso, pronto empezaría la función.
Las luces se apagaron, todo se mantuvo en calma unos cuantos minutos, esperando a que se situaran los músicos. Sería una sorpresa, no se había preocupado en leer que temas interpretarían, quería sentir la incertidumbre de no saber a qué compositores se rendiría homenaje.
Cuando estaba en este soliloquio una luz se encendió, apareció el director de la orquesta e hizo diferentes presentaciones, luego se iluminó el escenario y pudo observar a cada músico con su instrumento.
Sin demasiados prolegómenos se inició el concierto, interpretando melodías que le eran ajenas, pero que comenzaron a llevarlo por una senda desconocida, imposible de explicar con pensamientos certeros. Las notas musicales dibujaban imágenes en su mente, llevándolo de un lado a otro, alzándolo, hundiéndolo, interrumpido solo por el tarareo de algunos personajes del público, quienes no podían contener su emoción y daban rienda suelta a su espontaneidad.
Salvo esto no había nada más que lo hiciera distraer de ese encantamiento en el que se estaba adentrando, no quería perderse las sensaciones que le causaba, esas que acaecieron en algún momento de su vida, pero que le resultaban difíciles de situar, probablemente por su desidia a la hora de conservar sus momentos especiales, comenzó a ensimismarse.
En cada una de las diferentes interpretaciones, se imaginaba en distintas circunstancias, colores, escenarios, cada cual con diferentes matices que lo abstraían de todo aquello que le perturbaba.
Y así siguió, dejándose llevar por aquel velo que lo cubría, había instantes en los que se sentía a expensas de los sonidos que retumbaban en el recinto e ingresaban hasta lo profundo de su ser y le generaban ensoñaciones, era un soñador diurno, sacando a relucir sus más hondos sentimientos que tenía censurados en el día a día y, contra todos sus pronósticos, le reconfortaban.
Por un instante volteó a ver a quien tenía al lado, se notaba que disfrutaba del espectáculo, eso lo empujaba a sentir que la música los hermanaba, como si lo conociera de toda una vida, como si ese compartir un mismo gusto musical diera pie a tener vínculos en común, quizás vivencias o experiencias similares, un sinfín de hechos que podían discurrir por esa senda, conexión espontánea.
El programa continuaba y, ya casi, estaba llegando a su fin, pero nadie se movía de sus asientos, la forma en la que el director de orquesta la dirigía hacía que la magia se acrecentara, de tal modo que se esperaba con ansias cada nueva pieza, cada nueva expresión de los músicos, era una situación resaltante que, aunque finita, hacía a todos disfrutar por igual y eso era lo importante.

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