Creatividad
Encontrándonos
Al inicio era un juego, nos perdíamos y nos encontrábamos, era algo que nos resultaba divertido, por eso mismo, ya que éramos conscientes de que lo divertido no suele durar, estábamos convencidos de que llegaría el momento del alejamiento definitivo, sin embargo, dejó de ser algo pasajero, de temporada, sin recorrido, para volverse una acción constante, convirtiéndose en el centro de nuestros deseos.
Nuestras salidas no tenían un día específico, surgían de improviso, nos bastaba coincidir para dispersarnos en el misterio de nuestras distancias, el hecho de dejar todo a la suerte, se convirtió en nuestro más grande acto de fe, se nos daba bien tirar los dados.
Así, de este modo, nos alejábamos para acercarnos, desinteresadamente, sin adjetivos de por medio, sin obligaciones, sin lazos que, con el tiempo, se convirtieran en ataduras, llegando al punto de malinterpretar la situación.
Preferíamos entregarnos, por el solo hecho de hacerlo, sin esperar una frase caustica, teníamos claro que la exclusividad no tenía cabida entre nosotros, no éramos objetos, no pertenecíamos a nadie, evitábamos enfrascarnos en reclamos, pugnas innecesarias, no queríamos desgastarnos.
Creo que lo leímos en algún oráculo, esquivábamos el ser un par de seres más, preferíamos apartarnos de la norma, lo nuestro no era dar explicaciones, lo nuestro no era vernos un día y otro hasta el punto de dejar de valorarnos, no éramos algo común, éramos una situación particular, éramos nuestra situación particular.
No hablábamos de un nosotros, nos parecía tonto hacerlo, pero sí, de nuestras experiencias, vivíamos el momento, éramos un soplo de aire fresco necesario en nuestras existencias.
Nos ilusionaba el no saber cuándo sería la siguiente vez, por eso nos gustaba no tener días especiales, ni eventos puntuales, no queríamos ser parte de las estadísticas, nosotros estábamos fuera de todo eso, nos molestaba ser encasillados.
Nos gustaba ser cómo éramos para sacarle la vuelta a nuestro entorno, le tomábamos el pelo al destino, nunca podría con nosotros, jamás seríamos parte de sus mentiras.
Cada situación era resaltante y aunque podíamos pasar temporadas enteras sin coincidir, no nos preocupábamos, todo tenía un sentido y era el vivir al día, por eso cuando salíamos, obviamos asuntos personales, no queríamos aburrirnos hablando de las tonterías del día a día, de nuestras dudas labores, de nuestros sinsabores, entendíamos que eso no resultaba atrayente, íbamos tras la novedad en cada frase, en cada gesto, en cada muestra de afecto.
No teníamos que rendirnos cuentas, no era necesario lidiar con cada palabra que soltábamos, tampoco debíamos ocultarnos nada, pues era el fin de coincidir, poder dejar de lado las caretas y no tener miedo a herirnos con algún comentario, no nos preocupaba el ser malinterpretados, no teníamos miedo a fallar, nos recalcábamos que éramos esa vía de abstracción que necesitábamos.
Nos desenvolvíamos así, rompiendo moldes, obviando caer en la costumbre. No nos gustaba la dependencia, ese acto en el cual uno se siente morir si no está acompañado por el otro, teníamos la suficiente personalidad como para no caer en contextos de ese estilo, pueriles, pusilánimes.
Al concluir, tomábamos senderos diferentes, sabíamos que esa era la forma de hacer que se volvieran a cruzar, éramos un misterio, vivíamos a nuestro modo.




























































































































































































































































































































































































































































































































































