Creatividad

Determinación

—Tú no te preocupes, solo céntrate en tu trabajo, nosotros nos encargaremos del resto —eran las palabras que seguían retumbando en su cabeza.
Le jodía porque entre líneas entendió: lo anexo a tu labor a ti no te incumbe, eres un currito más.
A pesar de que su trabajo no era sencillo, pues debía coordinar y hablar con diferentes asistentes, era consciente de que solo era un mandado, un puesto intermedio sin poder de decisión.
Uno de los problemas con el que debía lidiar a diario era con el ego de sus compañeros, cada uno se creía importante, aunque en la realidad todos fueran reemplazables. A estas alturas sabía tratar con el personal, dialogaba y fingía como si sus ocurrencias fueran valederas, aunque al final no pintaran nada. Con este gesto consiguió que los esfuerzos fueran en la misma dirección.
Sin embargo, al hablar con los jefazos, sobre los problemas que abordaban en los diferentes medios, era difícil creer el tiempo que le dedicaban a desestabilizarlos sacando literalmente mierda para fundamentar sus acusaciones.
Por eso al escuchar la afirmación, tú haz tu trabajo, comprendió que su gestión no pasaba de ser una simple actuación de cara al público, solo era un apaciguador de tempestades.
Asimismo, sacó que no se intentaría aclarar el tema, las altas esferas estaban empeñadas en dejar que el temporal pasara, es decir, esconder la cabeza hasta que se dejara de hablar del tema.
Esto le sentaba fatal, ya que prefería ir de cara y aclarar todo lo que hubiera que aclarar, cualquier otro gesto era reconocer la culpabilidad que les achacaban.
El escándalo, que tenían entre las manos, lo cogió por sorpresa, no había tenido indicios, en otra situación algún soplo lo hubiera alertado para que se vaya preparando, para que fingiera que todo estaba controlado.
Según las noticias, las pruebas de las diferentes adulteraciones enfatizaban el papel de los directivos en la trama de sobornos. Por suerte las leyes eran benignas con ellos, si no habrían terminado en la calle, en otra parte sus delitos no habrían prescrito. Su primer impulso al oír tanta sandez junta fue llamar a la televisora y espetarles a sus periodistas que informar no estaba mal, pero dar juicios de valor daba pie a que se malinterpretara el papel de los implicados, además todos eran inocentes hasta que la justicia indicara lo contrario, cuando querían se pasaban por el forro la presunción de inocencia —se dijo.
Por eso habló con los directivos, la charla fue correcta, incluso amical, hasta que comenzó a sacar a relucir lo de las informaciones de los medios, fue ahí cuando soltaron esas alocuciones que le decían, en resumen, tú a lo tuyo. Antes de dar por terminada la reunión, preguntó si esas prácticas se seguían dando en la actualidad, a lo cual reafirmaron que ese era un tema que no le interesaba y que se centrara en su trabajo, en seguir cosechando triunfos que, por ahora, se le venía dando bien, que hiciera como si no pasara nada.
Este desaire le causaba problemas morales, como podía seguir en su puesto como si nada, si nada le aseguraba que no se estuvieran amañando ciertos resultados para maquillar el rendimiento de la plantilla. Eran buenos, pero no al nivel que decían sus números.
Ponerse del lado de quienes querían llegar al fondo de las denuncias implicaba que se pusiera en tela de juicio su labor, convirtiéndose en una mancha enorme en su currículo, un hecho insalvable que sería observado con lupa por quienes lo quisieran contratar nuevamente, por otro lado, callar podía hacer que la racha de triunfos se mantuviera, consiguiendo los objetivos de inicio de temporada. Entonces ¿qué sentido tenía meterse en ese berenjenal, podía seguir haciendo la vista gorda y tirar para adelante?, ya que esto le ayudaría a que su caché siguiera subiendo, no todos podían hablar de tener sus logros como mánager. Ponerse en el papel del tipo provo daba pie a considerarlo, a causa de los tejemanejes de la organización, como un tramposo, callar no implicaba nada, seguir como hasta ahora.
La decisión era simple, lo no tan simple resultaba pensar en las formas que tenían sus superiores para hablarle, sus gestos le daban pie a creer que le ocultaban información, esto lo desconcertaba, pues en cierta forma su trabajo se fundaba en la confianza y en saber todo lo que se movía delante de sus narices, por eso mismo, conforme pasaba el tiempo comprendía que lo mejor era que fuera en busca de nuevos horizontes, un puesto con secretos no tenía mucho sentido, si bien podía ceder el control, tampoco le gustaba actuar como un pusilánime.

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