Creatividad

Cinta temática

De vez en cuando le soltaba alguna broma con respecto a que me gustaba, no sé si se las olía, si se había dado cuenta que los chascarrillos encerraban algo que no me atrevía a comentarle, por eso, para decírselo, de soslayo, no me atrevía a ser directo, le regalaría un casete con una serie de canciones que dijeran cada una de las palabras que no me atrevía a verbalizar, esperaba que el mensaje fuera claro y que no se prestara a malinterpretaciones, para esto era necesario ser atinado en la selección.
Los detalles eran importantes, por eso me pasé varios días eligiendo los temas que pondría en la cinta, quería ser original, diferente. Sin embargo, tenía por delante el problema de no saber hacer una grabación, en tal tesitura se me dio por hacer un curso, autodidacta, acelerado para aprender el arte de hilvanar melodías en un soporte magnético.
Para llevar a buen puerto mi empresa me guie por distintos tutoriales, no fue difícil dar con ellos, todos eran bastante didácticos y gráficos, lo que me sirvió para tener una idea más clara de lo que debía hacer.
En ese proceso aprendí que no bastaba con darle a un botoncito, era necesario seguir unas pautas y un orden, para lograr un buen resultado. De esta forma, una vez que se le pillaba el truco el camino quedaba despejado.
Cuando me sentí preparado me encontré con el dilema de hacer la selección de canciones, pensando en esto comencé a anotar las que me gustaban en una libretita. No sabía por dónde empezar, ¿cuál sería la primera y las subsiguientes?, tenía claro que lo esencial siempre era aquel tema que estaba en la primera posición, pues ese era el que motivaría a seguir escuchando la selección, si este no era interesante, lo más probable es que se dejaría de escuchar el resto, aun siendo más llamativos.
Para ser más preciso en mi elección me decanté por analizar las letras, en cada verso tenían que hablar por mí y expresar lo que sentía. Siguiendo esta premisa me centré en las que tuvieran construcciones que me volaran la cabeza y que me hicieran imaginar situaciones particulares, provocadas por el sentimiento que exhalaban las respectivas interpretaciones.
La lista, originalmente extensa (llenaba más de tres folios), se fue acortando gracias a los distintos filtros que fui aplicando, así se hizo más manejable y atractiva, siendo su leitmotiv lo que ansiaba enunciar. Tras muchos intentos y luego de un proceso tedioso, me decanté por dejar en manos de la suerte el orden, conseguí tener listo el obsequio.
Para entregar el regalo y resultar menos llamativo elegí un día cualquiera, entre semana, sin avisar, quería que el presente le cayera de sorpresa, inesperadamente.
Al llamar a su puerta estaba nervioso, cuando la tuve delante, no dije ninguna palabra, no dejé que reaccionara, la noté sorprendida, no esperaba verme ahí, usualmente le avisaba antes. Viendo que la situación era extraña, la miré a los ojos fijamente y le entregué el obsequio que llevaba debidamente empaquetado, no esperé más, antes de cualquier reacción, me alejé del lugar.

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