Creatividad
Atasco
Cogí el taxi faltando treinta minutos, según mis cálculos, y la información con la que contaba, llegaría a tiempo.
Temprano estuve dándole los últimos retoques a la presentación que debía realizar, desde mi punto de vista me había quedado en condiciones, a pesar de mi poco manejo del tema, pues esta versaba sobre objetivos y previsiones de crecimiento empresarial, algo denso y aburrido.
Gracias a este hecho sería, por primera vez, el centro de atención. No en vano, como encargado, daría los alcances necesarios sobre el funcionamiento de la empresa y sus cuestiones contables, algo útil para el devenir de los trabajadores.
Cuando terminé, guardé la presentación, tenía todo preparado.
Confiando en que todo estaba correcto, subí al coche, me llamó la atención lo bien cuidado que estaba por dentro, algo no muy usual. Una vez que me situé en el asiento de atrás, arrancó y siguió la ruta de siempre, la más rápida, ahora solo era cuestión de esperar a que llegara al destino.
Sin embargo, a causa de una concentración organizada por la celebración del día de (sabe Dios quién), tuvo que elegir una nueva ruta, esta, a diferencia de la otra, implicaba adentrarse por una arteria más transitada, la principal de la ciudad. En ese momento pensé que los treinta minutos me quedarían cortos, mis cálculos no servirían de nada.
Este tipo de situaciones perjudicaban, directa o indirectamente, a los vecinos, sin duda eran parte de las particularidades de la urbe. Así pues, era imposible moverse con normalidad, por eso muchos expresaban su molestia, sosteniendo que sería bueno que el ayuntamiento brindara información para que estuviéramos al tanto de lo que tendría lugar en estos lares, de tal modo que esos inconvenientes, nos encontraran preparados.
Mientras pensaba en esto el coche se detuvo, era imposible seguir, había tal cantidad de tráfico que los vehículos estaban por todas partes e incluso, algunos, los más avezados, querían salir cuanto antes y ser los primeros en abandonar el embotellamiento, por ese motivo no se limitaban solo con avanzar, intentaban, con muy malos modos, que los demás se hicieran a un lado y los dejaran pasar.
De esta forma, por la ventana, se podía ver la escena completa, el caos, el ruido y lo nerviosos que iban algunos en sus coches, sacando a relucir palabras de lo más coloridas, dejaban una impresión digna de un sainete.
De soslayo percibí la incomodidad del chófer, para él también era un sinsentido que cada nada sucedieran estos imprevistos, no era posible que siempre sucediera lo mismo, indicaba que estaba cansado por la situación, pero era lo que había —expresó resignado—, era necesario seguir y no amargarse el día -sentenció.
En tal tesitura me centré en lo que iba a exponer, en mi cabeza repetía cada frase que pronunciaría, imaginando una situación ideal en la que todo saliera perfecto y no se notara mi poco conocimiento del tópico, aunque todo esto se vería trastocado si no era puntual, pues tendría que hacer todo con prisa y no podría seguir mi ritmo acostumbrado, sin quererlo, al darle vueltas a esta probabilidad, me comencé a agobiar.










































































































































































































































































































































































































































































































































































