Creatividad

De corta duración

Mientras hablaba olvidó la próxima frase que hilaría con las anteriores que había soltado, por un momento titubeo para sus adentros, su manejo de escena le permitió no exteriorizar ese «mal momento» que estaba pasando.
En ese instante comenzó a rememorar de forma aleatoria, sin centrarse en un hecho puntual, una lluvia de retazos de todas las cosas que había vivido hasta ese momento.
Recordaba épocas lejanas, cuando lo despertaban temprano para hacer cosas productivas. Asimismo, pensaba en toda la sucesión de acontecimientos que le hicieron estar en el ahora, algunos buenos, no todo tiene que ser malo en esta vida, pero otros que prefería censurar, mantener en lo más hondo de su pensamiento que, ocasionalmente salían y le sentaban fatal, se imaginaba a todos pasando por lo mismo, arrastrarían consigo hechos que les joderían en algún instante.
Cuando pensaba demasiado se enfocaba en lo que le depararía el destino. No tenía la certeza de que las cosas mejoraran, tampoco de que seguirían igual, por eso se preocupaba en hacer que todo fuera a peor —se recalcaba.
Su facilidad de verbalización era envidiada, aunque nunca hubiera asistido a una clase de oratoria, lo suyo era a fuerza de practicar, no era algo natural.
Se vanagloriaba de los aplausos que recibía al concluir sus parlamentos, aunque su percepción no era del todo clara, en aquella plaza tenía la seguridad de que se sentían agradecidos por recibir, gratuitamente, saberes que no estaban al alcance de todo el mundo, solo de aquellos que se habían dedicado a cultivarse.
A pesar de los vítores, era consciente de que habría alguna mofa en el ambiente, tenía claro que no llueve a gusto de todos, sus expresiones no serían recibidas de forma uniforme, algunos que no le entenderían.
Sus discursos se centraban en tópicos sesudos, no se cortaba a la hora de señalar a quienes ponían piedras en el camino del ciudadano de a pie, era pesado en destacar que siempre había dispositivos que obstaculizaban las actividades más elementales por el simple hecho de su egoísmo recalcitrante.
Por eso no se detenía, llevaría su mensaje lo más lejos posible, aunque en el proceso fuera desacreditado.
Solo en determinadas circunstancias hacían preguntas, repetían sus palabras y formulaban interpelaciones, a veces, solo a veces, se quedaba sin palabras, en su razonamiento era patente que no poseía una sabiduría infinita, había muchas cosas que se le escapaban.
Intentaba estar siempre en el mismo lugar, para que los parroquianos, aquellos que ansiaban escucharlo, supieran encontrarlo.
Tras dar con las palabras, oportunas, continuó explicando sus argumentaciones.
Aunque algunos querían expulsarlo y no verlo ahí, el se empecinaba en mantenerse en ese emplazamiento, no porque fuera el mejor sitio de la ciudad, sino porque era en donde se sentía parte del vulgo.
De esta forma se hallaba a gusto, por eso no detenía su labor, sabía que su tiempo era finito, y quizás al final se iría en silencio, como vino, sin hacer nada reseñable, sin destacar, por no tener padrino, o por no estar relacionado, como para destacar en este mundo en dónde la cuna te marca el camino.

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