Creatividad

Mejor no pensar

A veces las situaciones en las que nos adentramos se asemejan a algunas ya vividas, sabemos de que va todo, calamos las intenciones de quienes se nos acercan.
Un día me puse a prestarle atención a una tonada en la radio, me pilló en un momento tonto, uno de esos en los que le sacas punta a todo y no dejas de analizar lo que está sonando.
Y claro, me senté en ese instante, comencé a tener reminiscencias, a hacer un pequeño recorrido sobre mis distintas relaciones, cada cual, es cierto, me dejó algo y a cambio se llevó algo (Quid pro quo, le dicen), y siempre me pareció lo correcto, no sentí que diera más de lo que recibía, además, siempre traté de quedarme con lo bueno, todo lo que aprendí, lo que me sirvió para crecer.
Cuando estaba a punto de ensimismarme volví sobre la canción, la intérprete hablaba de alguien que se sentía segura de sus sentimientos, sabía perfectamente que al inicio todo era mágico, pero todo eso acaba, pues no deja de ser una ilusión, creada a partir de lo que ansiamos encontrar, como si nos engañáramos para ver cualidades inexistentes en el otro. Las relaciones con el tiempo comienzan a mostrar carencias, pues lo maravilloso solo estaba en nuestra mente, no en la realidad.
Al escuchar esto le añadí algo que tal vez obvió el autor (lo que condiciona todo), el contexto, nuestra estabilidad emocional, lo solos que nos sintamos. Es verdad que a veces estamos con alguien y de repente nos preguntamos ¿qué hago aquí?, como si de repente abriéramos los ojos y comprendiéramos que no vale la pena seguir junto a alguien que no nos aporta nada, sería muy triste darse cuenta de eso, más aún cuando se invierten todas las esperanzas para que las cosas funcionen.
No recordaba haber estado en una situación así, nunca me sentí decepcionado por la elección hecha, más bien me sentí agradecido por todo lo aprendido.
Mientras avanzaba la letra llegó a un punto en el que me desconcertó, en especial cuando la narradora presiente que en algún momento los malos ratos que pasó con su anterior pareja se repetirán, la magia dará paso al desengaño, a todo lo malo que se estuvo ocultando y revivirá esos instantes que le producían temor.
Lo peor de todo es darse cuenta de que se vive sumido en una mentira, en una ilusión hecha a nuestra medida, con una puerta única, creada a partir de nuestras carencias.
¿Qué cosas me dan temor?, es jodido hacerse determinadas preguntas, esencialmente temo a lo que controlo, como los sentimientos, pero por qué, no sé, quizás porque son un gran misterio, suelen coparlo todo, nos obnubilan y nos llevan a perdernos en sus senderos.
Por eso, le decía la cantante a su destinatario, sé que toda esta felicidad es efímera, todo se perderá, no habrá más razones para continuar, porque todo empieza para terminar, no te ilusiones tanto que la vida no es tan sencilla, hazme caso, no pierdas el tiempo conmigo.
Por momentos la letra nos empujaba a posicionarnos del lado de quien estaba cantando la historia, sin nada que nos hiciera empatizar con el destinatario, igual tendría algo que decir ante todo ese aluvión de argumentaciones en su contra, para que siguiera su camino y que supiera claramente que quien le hablaba estaba a la defensiva y no volvería a dejarse llevar.
Siempre que hablemos de nuestras batallitas lo haremos resaltando nuestras cualidades y no hablaremos de lo mal que nos fue, ya que siempre seremos los buenos, los que lo dieron todo y no recibieron una muestra parecida, por eso era bueno recelar de las argumentaciones que se escuchaban.
No obstante, la interprete dejaba una puerta abierta, si de repente se daba la situación llegaría a querer a ese ser que estaba ahí de manera desinteresada, ya que con su insistencia demostró que estaba hecho de una mejor pasta que su anterior pareja.
A mi esto me hacía reflexionar, menuda autoestima, se daba el lujo de elegir, tenía confianza plena de que su valor no tenía que demostrarlo, pues le era innato, el resto tenía que hacerlo, debían ganarse sus favores y satisfacer las exigencias de aquel que los conminaba a demostrar su valía.
Para concluir argumentaba que, si se daba ese escenario, en el que estuviera suficientemente segura de lo que su contraparte sentía por ella, se abriría a querer, como si hubieran pasado la prueba que había impuesto, se auto percibía como una gran esfinge.
Cómo era posible tener ese control sobre lo que se debe o no sentir. Esa frialdad con la que calculaba todo me hacía creer que todo era una farsa, una mentira que se contaba a sí misma para creer que había una realidad paralela en la que hacía y deshacía a su antojo, en la que tenía el control de la situación y no al contrario.
Para ese momento la canción había terminado, a veces ciertas cosas hay que escucharlas sin analizarlas, es mejor no pensar tanto.

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