Opinión

Estafa

Hace unos años estuvo de moda invertir en bitcoins, una divisa de reciente creación que prometía la democratización del dinero, pues argüía que, a diferencia del sistema establecido, este estaba controlado por los propios usuarios, lo cual la hacía descentralizada, ya que, al ser virtual, su fiabilidad recaía en las claves criptográficas que se asociaban a un monedero informático que tenía una secuencia exclusiva para cada propietario, lo que permitía evitar los fraudes.
Así pues, se me dio por invertir. Me asocié a un grupo en el que había una persona encargada con los conocimientos necesarios del mercado que le permitía dar señas para comprar monedas virtuales. En el proceso aprendí lo que era un wallet y lo que era hacer trading. El especialista (llamémosle así) indicaba que no veía tantas posibilidades de ganar dinero desde su época en las apuestas deportivas.
Tras sus afirmaciones tenía mis dudas, sonaba demasiado bien, no sé mucho sobre temas financieros, pero sé que uno más uno suma dos. En resumen, me salí del negocio y me dediqué a otras actividades.
No pensé en esto hasta hace pocos días, al detenerme en el documental: «MoviePass, MovieCrash», me vino a la mente este hecho.
Desde el inicio de la producción llama la atención que un pequeño negocio que facilitaba el acceso a las salas de cine mediante una tarifa plana comenzara a crecer desmesuradamente, gracias a una dudosa estrategia comercial, reduciendo el precio de la inscripción lograron atraer a millones de interesados quienes no dudaron a la hora de adquirir su producto.
Como consumidor resultaba una oferta difícil de rechazar, por diez euros se podía ver cualquier película, independientemente de que fuera un estreno o no. Sin embargo, a algunos expertos del mercado les resultaba llamativo que pudiera ser rentable una oferta de este estilo, pues haciendo unos pocos cálculos, no les salía a cuenta el costo tan irrisorio.
A pesar de esta reticencia los encargados no dudaban de su estrategia, pues les permitía atraer suscriptores, por este motivo vendían como un gran logro su posicionamiento, lo que les sirvió para cotizar en bolsa, atrayendo a pequeños inversores que confiaban en tener ganancias ingentes invirtiendo poco, los responsables de llevar las riendas de este negocio salían constantemente en la televisión explicando las bondades de su sistema, parecía que la estrategia era la correcta, la marca se estaba haciendo cada vez más conocida.
Sin embargo, todo era una simple fantasía, pues el dinero que se gastaba en publicitarse como una empresa en crecimiento era el que ingresaba gracias a los nuevos inversionistas, no a las ganancias que diera el negocio.
Esta estafa se generó por la especulación, por el hecho de generar expectativas en base a falsear los números contables, el negocio no era tan rentable como lo vendían. Con el tiempo la burbuja explotó, el dinero comenzó a escasear y el negocio cerró, dejando sin sus jugosas ganancias a quienes confiaron en esta entelequia.
La muletilla: Gana mucho invirtiendo poco, es un canto de sirena que atrae a los más incautos, la gente confía en falsas promesas e invierte lo que no tiene porque espera duplicar o triplicar su inversión, pero pierde de vista que la magia no existe, si se tienen ganancias son motivadas por unos ingresos recurrentes de dinero, no por las palabras de alguien que te dice que todo va bien.
El mercado actual, el virtual, se basa en promesas de ganar ingentes cantidades de dinero, sustentada en un mercado volátil que sube o baja dependiendo de las palabras que pueda soltar cualquier personajillo conocido en la televisión, de tal modo que se presta a la especulación, convirtiendo todo esto en una estafa piramidal, en la que solo ganan dinero quienes están en la parte más alta de la misma.
Todo esto me llevó a pensar en aquel negocio que me ofrecieron. No soy demasiado listo, pero sé que en esta vida nadie te regala nada, la realidad no es tan simple como te la quieren pintar aquellos que te garantizan suculentas ganancias tras una pequeña inversión.

Lume

Agli